Entre los grandes teóricos que modificaron la
configuración política e ideológica del mundo en el siglo XX, figura
este hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia, que se quejaba
del título de Mahatma ('Gran Alma') que le había dado, contra su
voluntad, el poeta Rabindranath Tagore. En un país en que la política
era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a
través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos,
jamás concedió prebendas a sus familiares, y rechazó siempre el poder
político, antes y después de la liberación de la India. Este rechazo
convirtió al líder de la no-violencia en un caso único entre los
revolucionarios de todos los tiempo
DESCUBRIMIENTO EN EL ORIENTE
Mohandas Karamchand Gandhi nació el 2 de octubre de 1869
en un remoto lugar de la India, en la ciudad costera de Porbandar, del
distrito de Gujarat. Éste era entonces un mosaico de minúsculos
principados, cuyos gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de
sus súbditos. Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de
Porbandar y pertenecía a la casta de los banias, mercaderes de
proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre, llamada
Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, quienes mezclaban el
hinduismo con las enseñanzas del Corán. Era una mujer profundamente
religiosa y austera que dividía su tiempo entre el templo y el cuidado
de los suyos, amén de practicar frecuentes ayunos. En la formación
espiritual de Mohandas, que sentía un ilimitado amor por sus padres,
además de la adoración a la diosa Visnú que profesaba la familia,
concurrieron una serie de culturas y credos amalgamados: el hindú, el
musulmán, el jain. Este último tuvo especial influencia en su filosofía:
los jains practicaban la no-violencia no sólo con los animales y los
seres humanos, sino incluso con las plantas, los microbios, el agua, el
fuego y el viento.
Ejemplo típico de tardía genialidad, Mohandas fue un
adolescente silencioso, retraído y nada brillante en los estudios, que
pasó sin llamar la atención por las escuelas de Rajkot. A los trece
años, siguiendo la costumbre hindú, lo casaron con una niña de su edad
llamada Kasturbai, de quien estaba prometido desde los seis años sin
saberlo. El joven esposo se enamoró apasionadamente de la muchacha, y
por hacer el amor con ella abandonó el lecho de su padre moribundo la
misma noche en que éste murió. El suceso dejó una culpa imborrable en
Gandhi, que más tarde se declararía en contra del matrimonio entre niños
y a favor de la continencia sexual.
En estos años decisivos para su formación intelectual
leyó a Tolstói, en quien más tarde encontraría el guía para el
perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no-violencia. Y
cuando regresó a la India con el título de abogado, lo hizo con sus
señas de identidad orientales: había ido en busca de la sabiduría
occidental y retornaba con el secreto que había hecho sabios a los
hindúes.
Los primeros experimentos de la resistencia gandhista
Al volver a Porbandar encontró a su familia
desintegrada: la madre había muerto poco antes y los Gandhi habían
perdido toda influencia en la corte principesca. Como abogado no halló
muchas perspectivas, ya que su primera actuación profesional terminó en
un humillante fracaso, pues enmudeció al dirigirse al tribunal y no pudo
continuar. Fue entonces cuando una factoría comercial musulmana le
ofreció un contrato para atender un caso de la empresa en Durban, y
Gandhi no dejó pasar la oportunidad. Se embarcó hacia Sudáfrica en 1893.